LA CULTURA DEL DAR
Hay muchas causas que engendran el dar:
* Obligación/coacción: Ej.: un compañero de escuela de mi hijo mayor, lo amenazó un par de veces para que lo convidara, con pegarle si no lo hacía. Mi hijo le hubiera dado sin amenazas, porque tiene un corazón muy lindo y es generoso. Pero si no hubiera sido así, le hubiera terminado dando por temor. Es decir, fue coaccionado, obligado a dar.
* Por miedo al que dirán/vergüenza: Ej.: recuerdo cuando era adolescente, que estaba en un colectivo con un muchacho que me acompañaba a mi casa. Subió una mujer anciana, y él, por no darle el asiento, se sentó de espaldas al pasillo, para hacerse el que no veía mirando hacia mí. Como no me pareció bien, y no quise ser su cómplice, me dispuse a pararme yo. Él se sintió avergonzado y, para evitar los comentarios de los demás, se paró él.
* Por un corazón bien dispuesto: Ej.: cuando uno tiene un corazón dispuesto, no necesita ningún estímulo para dar, da por que es lo que tiene en su corazón hacer y está bien dispuesto. En una ocasión, unos amigos que conocían que estábamos pasando por un mal momento, vinieron a casa con un montón de bolsas con productos comprados especialmente para nosotros.
Pero claro, también está el tema cultural. Cuando un país tiene como parte de su cultura el dar, como es el caso de Israel, hay toda una organización montada para ese fin. No necesitan burocracias, ni clamores desesperados, ni gente encadenada a un árbol. El dar es algo que está, tanto a nivel gobierno, como a nivel individual en cada uno de sus ciudadanos. Una costumbre aquí, que sé que existe en algunos otros países del primer mundo también, es que la gente renueve su mobiliario, guardarropas, artefactos eléctricos, etc. Y, por más buen estado en que estén los viejos, simplemente los dejan afuera de la casa para que se los lleve quien los necesita. No los publican en “Segundamano” (1) para venderlos ni canjearlos, ni nada por el estilo. Pero eso no es todo, sino sólo un detalle. Recuerdo un par de cosas que me pasaron al poco tiempo de haber llegado al país y que me dejaron de lo más asombrada: una vez, necesité una librería y no sabía donde quedaba, otra vez necesité una repostería que tampoco sabía dónde había. En ambas ocasiones, las personas a quienes pregunté, se apartaron de su camino para acompañarme hasta el lugar buscado. Casi todos nuestros muebles, son regalados, incluyendo el colchón de la cama matrimonial que nos lo dieron con sólo dos meses de uso y un mueble del living con vitrina incluida, de 4 cuerpos e italiano que no sólo nos lo regalo un vecino, sino que hasta nos ayudó a trasladarlo. La semana pasada vino mi hijo mayor diciendo si podíamos tener gratis un órgano de dos pisos (él y mi niño menor estudian órgano en la escuela). Yo creí que me estaba cargando, entonces él me explicó que la secretaria de la escuela tenía uno y que quería regalarlo y se lo dijo a la maestra de órgano para que preguntara entre sus alumnos. Ella enseguida pensó en mis hijos y fue a los primeros que se los ofreció. El órgano es hermoso y ya está en casa. El viernes pasado recibí una llamada por teléfono en hebreo. Era una mujer que yo no conocía y me preguntó si estaríamos en casa, que tenía un paquete de comida para traernos a nosotros. Asombrada, le pregunté de dónde me llamaba: de la municipalidad, me dijo. Me aclaró que figurábamos en una lista. ¡¡¡Jamás me anoté en ninguna!!! No era algo que estuviera esperando que ocurriera. Me dijo que me traería comida todos los jueves. El jueves que pasó volvió a venir. Entre las cosas que traía en el primer paquete había desde harina, aceite y fideos, hasta facturas rellenas y comida hecha. Antes de ayer volvió a venir (porque encima me los traen a mi casa) y había aún más comida hecha que la vez anterior. Y nadie que te da aquí, viene luego a reclamártelo ni a decirte que uno está obligado con ellos ahora. Simplemente lo hacen, porque son así. Es un pueblo, que como parte de su cultura, está la acción de dar sin pedir nada a cambio.
(1) Publicación semanal de Argentina para comprar, vender y/o canjear artículos usados.
* Obligación/coacción: Ej.: un compañero de escuela de mi hijo mayor, lo amenazó un par de veces para que lo convidara, con pegarle si no lo hacía. Mi hijo le hubiera dado sin amenazas, porque tiene un corazón muy lindo y es generoso. Pero si no hubiera sido así, le hubiera terminado dando por temor. Es decir, fue coaccionado, obligado a dar.
* Por miedo al que dirán/vergüenza: Ej.: recuerdo cuando era adolescente, que estaba en un colectivo con un muchacho que me acompañaba a mi casa. Subió una mujer anciana, y él, por no darle el asiento, se sentó de espaldas al pasillo, para hacerse el que no veía mirando hacia mí. Como no me pareció bien, y no quise ser su cómplice, me dispuse a pararme yo. Él se sintió avergonzado y, para evitar los comentarios de los demás, se paró él.
* Por un corazón bien dispuesto: Ej.: cuando uno tiene un corazón dispuesto, no necesita ningún estímulo para dar, da por que es lo que tiene en su corazón hacer y está bien dispuesto. En una ocasión, unos amigos que conocían que estábamos pasando por un mal momento, vinieron a casa con un montón de bolsas con productos comprados especialmente para nosotros.
Pero claro, también está el tema cultural. Cuando un país tiene como parte de su cultura el dar, como es el caso de Israel, hay toda una organización montada para ese fin. No necesitan burocracias, ni clamores desesperados, ni gente encadenada a un árbol. El dar es algo que está, tanto a nivel gobierno, como a nivel individual en cada uno de sus ciudadanos. Una costumbre aquí, que sé que existe en algunos otros países del primer mundo también, es que la gente renueve su mobiliario, guardarropas, artefactos eléctricos, etc. Y, por más buen estado en que estén los viejos, simplemente los dejan afuera de la casa para que se los lleve quien los necesita. No los publican en “Segundamano” (1) para venderlos ni canjearlos, ni nada por el estilo. Pero eso no es todo, sino sólo un detalle. Recuerdo un par de cosas que me pasaron al poco tiempo de haber llegado al país y que me dejaron de lo más asombrada: una vez, necesité una librería y no sabía donde quedaba, otra vez necesité una repostería que tampoco sabía dónde había. En ambas ocasiones, las personas a quienes pregunté, se apartaron de su camino para acompañarme hasta el lugar buscado. Casi todos nuestros muebles, son regalados, incluyendo el colchón de la cama matrimonial que nos lo dieron con sólo dos meses de uso y un mueble del living con vitrina incluida, de 4 cuerpos e italiano que no sólo nos lo regalo un vecino, sino que hasta nos ayudó a trasladarlo. La semana pasada vino mi hijo mayor diciendo si podíamos tener gratis un órgano de dos pisos (él y mi niño menor estudian órgano en la escuela). Yo creí que me estaba cargando, entonces él me explicó que la secretaria de la escuela tenía uno y que quería regalarlo y se lo dijo a la maestra de órgano para que preguntara entre sus alumnos. Ella enseguida pensó en mis hijos y fue a los primeros que se los ofreció. El órgano es hermoso y ya está en casa. El viernes pasado recibí una llamada por teléfono en hebreo. Era una mujer que yo no conocía y me preguntó si estaríamos en casa, que tenía un paquete de comida para traernos a nosotros. Asombrada, le pregunté de dónde me llamaba: de la municipalidad, me dijo. Me aclaró que figurábamos en una lista. ¡¡¡Jamás me anoté en ninguna!!! No era algo que estuviera esperando que ocurriera. Me dijo que me traería comida todos los jueves. El jueves que pasó volvió a venir. Entre las cosas que traía en el primer paquete había desde harina, aceite y fideos, hasta facturas rellenas y comida hecha. Antes de ayer volvió a venir (porque encima me los traen a mi casa) y había aún más comida hecha que la vez anterior. Y nadie que te da aquí, viene luego a reclamártelo ni a decirte que uno está obligado con ellos ahora. Simplemente lo hacen, porque son así. Es un pueblo, que como parte de su cultura, está la acción de dar sin pedir nada a cambio.
(1) Publicación semanal de Argentina para comprar, vender y/o canjear artículos usados.
